Hace unos días tuve el placer de realizar una sesión de postboda muy especial en dos de los rincones más mágicos de la costa valenciana: el Castillo de Cullera y su encantadora playa. Con la luz dorada del atardecer como aliada, capturamos momentos llenos de complicidad, ternura y ese brillo que solo tienen los recién casados. Comenzamos en lo alto del castillo, con unas vistas espectaculares sobre el mar y la ciudad, donde la brisa cálida y los últimos rayos del sol crearon un ambiente romántico y cinematográfico. Los novios, relajados y radiantes, se dejaron llevar, disfrutando del momento sin prisas ni poses forzadas. La segunda parte de la sesión la hicimos en la playa, donde todo se volvió aún más espontáneo y divertido. Entre risas y miradas cómplices, terminaron metiéndose en el agua con sus trajes de boda, regalándonos unas imágenes únicas, frescas y llenas de emoción. Fue un cierre perfecto para una tarde inolvidable. Este tipo de sesiones, lejos del estrés del gran día, permiten revivir la magia de la boda de una forma más íntima y natural, y esta fue, sin duda, una de esas experiencias que se quedan para siempre.